Literatura, opiniões, memórias, autobiografias, e demais diletantices.
Domingo, 29 de Junho de 2014
Portugueses nos campos de concentração

Impossível passar ao lado dos suplementos 2 do jornal Público de 22 e 29 de Junho.

 

Para os interessados, eis a ligação:

 

http://publico.pt/revista2/portugueses-nos-campos-de-concentracao/testemunhos



publicado por Dito assim às 19:41
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Sábado, 28 de Junho de 2014
Um pretexto para ouvir Mozart

Jorge Silva Melo no seu “Século Passado” que também é o nosso. Um pretexto para ouvir Mozart

 

“Porquê este cd todas as noites, assim que chego a casa, sempre o mesmo há tantos meses, sempre esta sonata nº 26 para piano e violino em si bemol maior, gravada em Outubro de 1958, em Basileia  por Clara Haskil e Arthur  Grumieux, sonata KV. 378 de W. A. Mozart, etiqueta Philips? Porquê sempre a mesma sonata, a mesma música, se até fui comprando outros discos de que ainda não rasguei o celofane? E porque me agito eu pela casa, da porta da entrada até ao frigorífico, depois de pôr a música, procurando um iogurte e uma banana enquanto duram os primeiros seis minutos do allegro moderato, e todas as noites assim aguardo a chegada do imparável andantino sostenuto e cantabile? Porquê há tantos meses esta ânsia  ao subir o ultimo lance de escadas e os quatro “luxuosos, calmos e voluptuosos” minutos deste andamento? E porque é que mal entro em casa os olhos procuram este pequeno desenho da Sofia Areal onde as luzes incidem mal carrego no interruptor?

Eu sei: porque procuro consolo."

 

Aqui estão os dois andamentos da K. 378:

 

 

   



publicado por Dito assim às 18:48
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Sexta-feira, 27 de Junho de 2014
Um testemunho: Kessler sucumbiu ao entusiasmo guerreiro em 1914

Só para os interessados: voltar a Munoz Molina, cronista de "El país" e prémio merecido "Príncipe das Astúrias".
Os que percebem o castelhano, e gostam de testemunhos de homens como este conde Kessler, que em 1890 com 12 anos começou a escrever diários. Foi até ao fim da 1ª guerra em Novembro de 1918.
Sonhos, esperanças, monstruosidades. O fim do século XIX e o principio do XX. B. Shaw, Auden e Zweig, testemunhos de uma época, estão lá.
Como será contado este princípio do XXI que é também o fim de uma época?

 

El testigo

 

Harry Kessler, millonario cosmopolita, sucumbió al entusiasmo guerrero en 1914

 

En 1985, en una sucursal bancaria de Mallorca, el director supervisó la apertura de una caja de seguridad cuyo alquiler de cincuenta años había expirado, sin que nadie viniera a hacerse cargo de su contenido. Al cabo del tiempo se había extraviado hasta el nombre de su titular, que debió de alquilarla hacia el principio de la guerra civil española. En el interior se encontraron varias docenas de volúmenes de diarios encuadernados en piel, escritos en alemán e inglés con una letra pequeña y legible, la escritura meticulosa de quien lo ve todo y lo anota todo. El descubrimiento no llamó la atención en España, pero en el mundo de habla alemana fue una conmoción. Lo que había aparecido en esa caja de seguridad en Mallorca eran los diarios que el conde Harry Kessler había escrito desde los 12 años, en 1890, hasta unos días antes del final de la Gran Guerra, a principios de noviembre de 1918. De Kessler se conocían hasta entonces sus diarios de los años de la República de Weimar, que son un monumento histórico y literario incomparable, porque Kessler fue una de esas personas que combinan una capacidad de atención y una curiosidad desusadas y un puesto de observación privilegiado. Era un aristócrata alemán que se había educado en Inglaterra y en Francia, un miembro de la clase dirigente imperial que se comprometió con la República, una figura de la alta sociedad y de la política apasionado por el arte moderno y el teatro de vanguardia. En Londres frecuentó a H. G. Wells y a Bernard Shaw, aparte de a la familia real; en París fue amigo de Maillol, de Rodin, de Matisse, de Bonnard, y trató a algunos de los mismos personajes que inspiraron a Proust: la condesa Greffulhe, de quien procede el perfil de pájaro y la belleza altiva de la duquesa de Guermantes; el vizconde de Montesquieu, modelo del barón de Charlus. En 1906 estuvo en el estreno de la Salomé de Richard Strauss, y en 1913, en el todavía más escandaloso de la Consagración de la primavera de Stravinski.

 

Cuando se publicaron en inglés los diarios de la época de Weimar, W. H. Auden escribió que el conde Harry Kessler era la persona más cosmopolita que había vivido nunca. En 1896, con 28 años, heredero de una gran fortuna tras la muerte de su padre, había dado la vuelta al mundo. En 1937, cuando hizo las últimas anotaciones en el diario, vivía en el exilio y estaba arruinado y enfermo, con una sensación de acabamiento de mundo que se parecería a la que llevó al suicidio a otro de los grandes testigos de entonces, Stefan Zweig. El libro, que se titula en inglés Berlin in lights, es una lectura devastadora, intoxicadora, que no da respiro y no puede dejarse; el testimonio, día tras día, de cómo en ciertas épocas acaba sucediendo infaliblemente lo peor, de las esperanzas racionales que se frustran y las posibilidades inverosímiles de tan monstruosas que sin embargo llegan a cumplirse, de la derrota o el asesinato de los mejores y los decentes y el triunfo de los demagogos y los criminales, de las capitulaciones por adelantado que despejan el camino a los bárbaros.

 

El Kessler de esos años es un humanista y un demócrata, un internacionalista exasperado por la inoperancia de la Sociedad de Naciones, un europeo que asiste a la confluencia entre el resentimiento alemán por la derrota en la guerra y la estúpida política de represalias ejercida por los vencedores, Francia sobre todo. Igual que Zweig, que Freud o Thomas Mann, Kessler da testimonio y alza en el desierto su voz de racionalidad, de sentido común.

 

Por eso es tan aleccionador, y desasosiega tanto, comprobar en ciertos pasajes de los diarios encontrados en Mallorca que hasta una persona sensata, templada y cosmopolita como Kessler también había sucumbido, en 1914, a ese entusiasmo imbécil por la guerra que atravesó Europa en las vísperas inmediatas de la carnicería. La irracionalidad de los irracionales, la brutalidad de los brutales, el fanatismo de los fanáticos, nos dan mucho miedo. Pero yo creo que lo que da más miedo de verdad es ver lo fácilmente que una persona racional en casi todo abraza de golpe ideas irracionales, o un civilizado se vuelve bárbaro y brutal de la noche a la mañana, o alguien disciplinado en el método científico es capaz de aceptar con los ojos cerrados lo que evidentemente no tiene pies ni cabeza. El conde Harry Kessler, que en la primavera de 1914 todavía circulaba con plena desenvoltura por los salones, las galerías de arte, los teatros de París y de Londres, en agosto se extasiaba con las noticias sobre la movilización y el estallido inmediato de la guerra, y unos meses más tarde participaba con su regimiento en la invasión de Bélgica, y anotaba en el diario con perfecta frialdad las represalias atroces del Ejército alemán contra civiles belgas desarmados. El entusiasmo estético que poco antes le despertaban los ballets rusos o la pintura de Matisse ahora lo disfrutaba contemplando los despliegues militares. Su cosmopolitismo palidecía de pronto ante la vehemencia de su fervor patriótico: “Estas primeras semanas de guerra han revelado algo que estaba en las profundidades desconocidas de nuestro pueblo alemán, algo que solo puedo comparar con una sincera y alegre espiritualidad. La población entera se ha transformado y forjado en una forma nueva. Esta es ya la ganancia impagable de esta guerra; y haberla presenciado será una de las grandes experiencias de nuestras vidas”.

 

El gran esteta ve pueblos incendiados, montañas de cadáveres, personas inocentes ejecutadas en actos de represalia, caballos reventados de los que se derraman vísceras comidas por las moscas; ve a un oficial de artillería dirigir por teléfono el bombardeo de una ciudad y piensa con satisfacción que parece un inversor dando instrucciones a su agente de Bolsa; ve columnas de refugiados huyendo por los caminos y dispersándose cuando se acerca el motor de un avión que les lanzará bombas o los ametrallará; admira la gallardía de un general mandando desde muy lejos a sus tropas a la matanza y encuentra en él las mismas virtudes alemanas que en un gran director de orquesta. Lee un ensayo “bello y profundo” del filósofo Georg Simmel sobre la “transformación interior de Alemania”, sobre el “hombre nuevo” que nacerá de la guerra, y asegura que ese empeño místico es el mismo que lo inspira a él. Etcétera.

 

Pocos espectáculos hay más penosos que el de un intelectual emocionado estéticamente y filosóficamente por la eliminación de seres humanos. En Francia casi nadie más que Jean Jaurès levantó su voz contra el disparate de la guerra, y se apresuraron a matarlo. En el mundo de habla alemana uno de los pocos que mantuvieron en todo momento la lucidez y la templanza en medio del gran delirio fue Albert Einstein. Si personas en general íntegras y admirables adoptan a veces posturas insensatas y participan con entusiasmo en la celebración de la catástrofe, quién puede sentirse a salvo de secundar la estupidez o de aceptar el crimen. En la amargura ilustrada de Harry Kessler habría al final un fondo de remordimiento.

www.antoniomuñozmolina.es

 



publicado por Dito assim às 17:01
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Quinta-feira, 26 de Junho de 2014
Carta a D. - História de um amor

“Vais fazer oitenta e dois anos. Encolheste seis centímetros em altura, pesas apenas quarenta e cinco quilos e manténs-te bela, graciosa e desejável. Há cinquenta e oito anos que vivemos juntos e amo-te mais do que nunca. Sinto de novo no fundo do peito um vazio devorador que é apenas preenchido com o calor do teu corpo contra o meu.
Tenho necessidade de simplesmente voltar a dizer-te estas coisas antes de abordar as questões que desde há pouco tempo me atormentam.”

Começa assim o belo livrinho de André Gorz, “Carta a D. -  História de um amor” .

No dia 22 de Setembro de 2007, André Gorz (n. 1923) e sua mulher, Dorine (n. 1925), cometeram suicídio juntos na sua casa em Vosnon (Aube, região de Champagne-Ardenne) . Foram encontrados dois dias depois, deitados lado a lado.



publicado por Dito assim às 22:00
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Terça-feira, 24 de Junho de 2014
Crónica de Antonio Muñoz Molina sobre a linguagem da música

Dice Montaigne que sólo le importan los libros que le enseñan a vivir y los que le enseñan a morir. Algo parecido podría decirse de la música, de las músicas.

Durante un viaje de varias horas por una carretera nocturna he escuchado el Réquiem de Fauré y su paz melancólica me ha enseñado a aceptar la muerte de un ser querido y a sentir al mismo tiempo, con igual intensidad, la pena de la pérdida y la dulzura que sigue durando en la vida, el consuelo inmenso de quien al fin ha podido descansar. Refiriéndose a su obra Fauré hablaba del descanso eterno, no de la vida eterna. En la vida eterna puede creerse o no creerse. Lo que es indudable es el fescanso de quien ha padecido el dolor y la agonía, la noche oscura del alma en los hospitales.

Viajábamos de noche de regreso a Madrid después de haber cumplido la última voluntad de un hombre bueno que había deseado que lo enterraran junto a la mujer que fue su esposa y que murió joven, muchos años antes que él. El pequeño cementerio estaba en la cima de una colina, más arriba que las últimas casas del pueblo, extendidas entre la ladera y un valle de huertos y naranjos, regado por el caudal manso de un río. En el atardecer la belleza del paisaje sobrecogía el alma.

Un rato antes nos había conmovido la música de réquiem más simple y efectiva que existe, el doblar de una campana, repitiéndose en esa hora en que declina el sol del verano y el aire limpio se llena de los garabatos acrobáticos y los silbidos de los vencejos.

En el duelo hay siempre una parte de extenuación. Habíamos viajado hacia el pueblo en el calor del mediodía y la siesta de julio y ahora volvíamos  después de media noche, con el cansancio de tantas horas en la carretera agravando la irrealidad confusa de la muerte. Me puse los auriculares y empecé a escuchar el Réquiem de Fauré recostado contra una ventanilla, mirando la línea blanca y sinuosa del centro de la carretera, los destellos de los faros en los hitos de los arcenes, la oscuridad un poco submarina del campo bajo la luna en cuarto creciente.

Era mi versión preferida, la de André Cluytens de 1963, con Victoria de los Ángeles y Fischer-Dieskau. Hay partes del luto que está bien que sean ceremoniales y compartidas. Otras han de ir por dentro. Me acordé de la objeción que según Fauré algunos críticos habían puesto a esta música: que más que un réquiem era una nana de la muerte. Cómo no acordarse al escuchar el Pie Iesu cantado por Victoria de los Ángeles con la misma dulzura que puso en la Nana de Falla. Uno cree que conoce bien una música y de pronto comprende que hasta ese momento no la ha escuchado de verdad.

El hilo insomne de la carretera se correspondía con las ondulaciones de la música. El fresco de la noche, el silencio que se adivinaba en ella más allá del ruido del motor del pequeño autobús en el que viajábamos, la oscuridad que no traspasaban los faros, deparaban un sosiego muy semejante al de esas voces y esos austeros sonidos orquestales que sólo yo escuchaba.

No hay condena, sino descanso y disolución, como el sueño acogedor en la alcoba después de un viaje. Y al otro lado del velo del dolor sigue existiendo la belleza del mundo que hace valiosa la vida y triste el irse de ella.

Pero esas verdades las dice mucho mejor el lenguaje de la música.

 

Antonio Muñoz Molina

 

E do Youtube,  a versão de 1963 de André Cluytens que também é a minha preferida.

 

 

 

 



publicado por Dito assim às 21:05
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Bernardo Sassetti
Hoje, Bernardo Sassetti faria 44 anos. Esta manhã na rádio, numa entrevista gravada em 1994 ele dizia que este 2º andamento do Concerto em sol de Ravel tocado pelo Benedetti Michelangeli era uma das suas gravações mais amadas. Aqui está.



publicado por Dito assim às 20:22
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publicado por Dito assim às 20:20
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Quinta-feira, 12 de Junho de 2014
Uma entrevista muito interessante - Delgado da Fonseca

O major Delgado da Fonseca esteve em Braga logo a seguir ao 25 de Abril como delegado do MFA.

 

Não o esqueci.

 

Surge agora, no programa “Quinta Essência” da Antena 2.  Foram entrevistados nos ultimos programas o Comandante Martins Guerreiro, figura muito importante e discreta do Conselho da Revolução, durante 3 horas; depois o alto-comissário em Moçambique, Vitor Crespo, outras 3 horas de conversa, e agora este Delgado da Fonseca. Ainda vai na primeira hora.

 

Esta entrevista é muito interessante, pois, pela primeira vez surge a tese de que o 25 de Abril foi uma forma de retirarmos em ordem de África e não em debandada.

 

Nesta entrevista plasma-se a ignorância de João de Almeida, director da A2, a sua incompetência, e ainda a falta de jeito para entrevistar homens que foram protagonistas de acontecimentos históricos. Mas o que mais ressalta é a ignorância na seu esplendor.

 

Aqui vai o link:  

 

 

http://rsspod.rtp.pt/podcasts/at2/1406/3059210_159487-1406091103.mp3



publicado por Dito assim às 18:44
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Terça-feira, 10 de Junho de 2014
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publicado por Dito assim às 19:12
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Paulo José Miranda

A amizade permite a repetição dos mesmos episódios. A amizade adora a repetição. Só quem não tem amigos é que condena a repetição ou chama alguém a atenção para o facto de ter já contado o que está de novo a contar. Mas aqui, nesta mesa, não há senão amizade. Amizade e repetição como devem ser. A perfeição só se consegue com repetição. Só os jovens, que pouco viram e pouco pensaram, é que não gostam da repetição.

(...) No fundo, só os canalhas não gostam da repetição. Todos riem e bebem, e voltam a pedir mais, repetindo. Por vezes a cerveja está tão estupidamente gelada que ao beber o primeiro gole sentimos a vida a entrar-nos pelo corpo adentro. Era como se antes ela estivesse fora de nós, e agora voltasse. A vida a retornar a casa é a imagem da temperatura perfeita que uma cerveja pode ter ao ser bebida.

Não se deixa de gostar de alguém de um momento para o outro. Nem de não gostar, nem de gostar. Demora muito para uma pessoa fazer parte de nós, e igual tempo para deixar de o fazer. Tesão e paixão são outras coisas: o vento as trás, o vento as leva. Gostar de alguém é profundo, demorado.

Extracto do livro "Filhas" de Paulo José Miranda.



publicado por Dito assim às 19:08
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